martes, 5 de marzo de 2013

The future is now

El triunfo en Italia del Movimiento 5 Estrellas pone en entredicho el statu quo


Todos los medios de comunicación europeos coinciden: el verdadero ganador de las elecciones italianas es el Movimiento 5 Estrellas, que obtuvo un 25,5 % de los votos en el Congreso y un 23,8 % en el Senado. La noticia ha trascendido más allá del ámbito nacional no sólo porque la cabeza visible del partido sea el insumiso cómico Beppe Grillo, sino por sus implicaciones a escala internacional.

El resultado de las elecciones parlamentarias supone una doble llamada de atención. Por un lado, a los dirigentes de la Unión Europea, cuyo apéndice en Italia, el primer ministro Mario Monti, se ha hundido en los recientes comicios con el peso de todas sus políticas austeras. Por el otro, a los dirigentes de los países europeos, cuya incapacidad para gestionar la crisis ha generado una explosión de movimientos populares (nunca mejor dicho, dada la victoria de Grillo y su compañero Casaleggio).

Grillo es un personaje querido en Italia y, como buen actor, sabe cómo ganarse a su público. Hasta la semana pasada, su logro más sonado había sido la organización de la jornada de movilización pública conocida con el nombre de Vaffanculo Day (V-Day), en triple referencia a la expresión coloquial —en español, «vete a tomar por el culo»—, el desembarco de Normandía y la popular obra V de Vendetta.

No es casualidad que el comediante, al igual que la asociación ciberactivista Anonymous, haya acudido al cómic de Alan Moore como reclamo. Europa se encuentra precisamente en la situación contra la que tantas obras futuristas y teorías de la conspiración nos llevan advirtiendo desde hace décadas y los ciudadanos comienzan a darse cuenta de ello. Como cantaba The Offspring en The future is now, «un pensamiento que inicia una revuelta».

Grietas en el sur de Europa

La dilación de la crisis lleva a países como Italia o España al desmembramiento político


Las pasadas elecciones regionales en Italia han dado muestra del descontento general que parece regir en Europa respecto a la clase política. Y, digo bien, en Europa, porque Italia no es un ejemplo aislado de lo que los ciudadanos piensan sobre los que gobiernan. Principalmente este fenómeno de fragmentación del voto está siendo el resultado del desgaste político en los países del sur de Europa, los que más adolecemos de esta crisis que se empeñan en llamar financiera. En nuestro país, sin ir más lejos también empiezan a verse los primeros vestigios de descontento. Y para muestra un botón: el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) del mes de enero ya señalaba que el Gobierno de Mariano Rajoy sufre un desgaste acelerado desde que tomara las riendas del país, allá por noviembre de 2011. El 66% de los encuestados valoró la gestión del Gobierno como mala o muy mala.

Y, después de todo, se preguntarán que qué está pasando, que qué es lo que quieren los ciudadanos, que cuál es el porqué de este pluripartidismo que apenas está naciendo. Pues es muy sencillo, señores. Los ciudadanos quieren, queremos, unos políticos comprometidos. De nada sirve malgastar horas y horas en un debate sobre el estado de la Nación en el que las palabras están más que estudiadas, pero detrás de las cuáles faltan acciones. Falta un compromiso real con quien acude a las urnas a votarles. Y de eso ya nos hemos dado cuenta españoles, italianos, portugueses y griegos. Ahora es su turno, pero ¿qué más se necesita para que nuestros políticos que cambien de actitud?

martes, 26 de febrero de 2013

Una fecha para el recuerdo

El 23 de febrero siempre trae consigo reivindicaciones y polémica


El 23-F es una fecha harto conocida entre los españoles. ¿Cómo olvidar uno de los momentos de mayor tensión de la monarquía española? Por aquel entonces, como ahora, la situación sociopolítica atravesaba momentos difíciles: tenía lugar una crisis económica, el terrorismo no daba tregua y el Ejército se mostraba reticente a aceptar el nuevo sistema democrático. Incluso podríamos encontrar paralelismos entre el 23-F de 1981 y el de 2013, ya que de nuevo es evidente la tensión política y social. Debemos recordar que este 23-F han tenido lugar, por un lado, las declaraciones del duque de Palma, Iñaki Urdangarín, y por otro, la manifestación ciudadana en contra de los recortes y la corrupción bajo el lema "Tus sobres, mis recortes".

La marea ciudadana no ha elegido esa fecha al azar; es una reivindicación más para captar la atención de los políticos. Se contempla una evolución que queda reflejada en que hemos pasado de un golpe de Estado militar y violento a un golpe de Estado de civiles mediante manifestaciones pacíficas constantes. No sé si la manifestación del pasado 23-F podría describirse como pacífica, ya que hubo 45 detenidos al acabar la noche, pero quién puede culpar a gente cansada de que se lo lleven todo las personas que menos lo necesitan. Quizá sea cuestión de tiempo que ciudadanos enfurecidos, al ver cómo la corrupción sale impune mientras ellos sufren recortes asfixiantes, tomen el Congreso. En un clima como el actual, uno puede esperarse casi cualquier cosa.

Parece que la historia está condenada a repetirse, si no a pies juntillas, de forma muy similar. Aprender de los errores es humano: los alemanes aprendieron que la crisis económica y consiguiente devaluación del marco les llevó al nazismo. Tomemos ejemplo, aprendamos de una vez de nuestros errores y arreglemos este país.