martes, 19 de marzo de 2013

El valor de una crisis de fe

La designación por el Vaticano del nuevo papa incita al debate en torno a la situación de la Iglesia católica en España 


La Iglesia católica eligió la semana pasada a su nuevo representante, el bonaerense Jorge Mario Bergoglio, primer papa hispano en más de cinco siglos. Con este cambio de aires en la cúpula del catolicismo, se han reavivado en España las opiniones sobre el estado de la Iglesia, especialmente en lo que se refiere a su financiación.

El Anuario Estadístico de la Iglesia para 2012 calcula que en España existen 42 millones de bautizados, es decir, el 92 % de la población, a pesar de que sólo el 73,1 % de los españoles declararon ser creyentes en la última encuesta del CIS. Sin embargo, apenas el 35 % de la población española contribuye marcando la casilla de la declaración de la renta por la que el 0,7 % de la recaudación se destinaría a la Iglesia católica.

Por otro lado, la institución cuenta con una exención fiscal en virtud de un acuerdo con la Santa Sede firmado en 1979, texto que fue ampliado con la Ley de Mecenazgo durante el gobierno de José María Aznar. Este «privilegio fiscal» se ha venido señalando desde Izquierda Unida como «inadmisible» en un Estado aconfesional como el español, a lo que los ecónomos han reaccionado denunciando una «tercera desamortización» y la «fiscalización de la caridad de la Iglesia».

Por su parte, el presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco Varela, señala el ahorro al Estado que suponen los centros educativos religiosos y el decisivo sustento —refutado por el director de Cáritas Diocesana de Barcelona, Jordi Roglà— de la Iglesia a Cáritas. No obstante, los cinco millones de euros anuales que debería pagar la Iglesia en concepto de IBI probablemente la obliguen una vez más a defender sus intereses frente a una sociedad cada vez más secularizada.

lunes, 18 de marzo de 2013

Una fe entre dos aguas

A pesar de la aconfesionalidad del Estado, España sigue siendo uno de los países más creyentes


Desde 1978 España es un Estado aconfesional. Así lo recoge el artículo 16 de nuestra Constitución, el mismo que a su vez consolida la relación de cooperación entre los poderes públicos y la iglesia católica. La redacción de este precepto ha sido duramente criticada por los más detractores de la iglesia católica, pero la realidad de nuestro país parece mostrarnos algo diferente. De acuerdo con las estadísticas de la Conferencia Episcopal, en 2009 fueron bautizados el 63% de los niños nacidos en España. Los sectores laicos sitúan las cifras entre el 60% y el 55%. De cualquiera de las maneras, los números muestran cómo más de la mitad de los nacimientos reciben un agua bautismal que desde siglos ha sido tradicional en nuestro país.

Por otro lado, la opinión generalizada en los últimos años sobre la iglesia católica no señala lo mismo. En los últimos meses, sin necesidad de ir más atrás, los casos de abusos sexuales a menores, los beneficios fiscales y la falta de predicación con el ejemplo, entre otras críticas, han estado en boga. Pareciera que los padres quisieran que sus hijos fueran hijos a los ojos de Dios, pero se desentendieran de la iglesia. Quizá lo más correcto sea abogar por la verdadera fe y no tanto por lo que no deja de ser una institución más. Desde el pasado 13 de marzo los católicos tienen con un nuevo representante, Jorge Mario Bergoglio. El que pasará a la historia como Francisco I ha parecido mostrar, hasta el momento, un cambio de hábitos dentro del Vaticano. Se habla ya de una nueva etapa. Se habla de un papa humilde. Será cuestión de tiempo confirmar las expectativas o que, una vez más, se trate del mismo perro con distinto collar.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Patria, socialismo o muerte

El fallecimiento de Chávez abre el debate sobre la permanencia del chavismo de manos del sucesor designado, Nicolás Maduro


Hace una semana falleció el presidente del Partido Socialista Unido de Venezuela, Hugo Chávez, figura representativa de la revolución socialista en América Latina. El mandatario logró conectar con un pueblo que lo veneraba; prueba de ello es la avalancha de ciudadanos que han salido a las calles a expresar su dolor. Sin embargo, el mundo occidental siempre lo ha contemplado como un presidente populista preocupado por hacer propaganda política contra el capitalismo.

Es innegable que Hugo Chávez arrojó luz en el caótico panorama político-económico en el que se hallaba Venezuela en el 98, cuyos partidos estaban sumidos en la corrupción y tenían oprimida a la población en un estado de pobreza no acorde con los recursos económicos del país. No cabe duda de que la base del chavismo ha sido la habilidad de su dirigente para captar el voto de las clases medias y desfavorecidas, que venían soportando cuatro Gobiernos democráticos con una gestión económica pésima que tuvo como consecuencia la caída del PIB durante dos décadas consecutivas, desde 1980 a 1998, en un 14 %.

Con el logro durante los primeros años de su gobierno de reducir las desigualdades sociales, no extraña el gran respaldo del pueblo venezolano a su persona. Sin embargo, en el año 2009 tuvo lugar un referéndum para modificar la Constitución con el fin de eliminar el límite de los mandatos presidenciales y poder mantener la presidencia; este sería el inicio de la cara más populista del chavismo. Ello lleva a cuestionar si los deseos de Chávez de permanecer en el poder tomando medidas contra los medios y los sectores de la población no afines han prevalecido en detrimento de los intereses primarios de impulsar el socialismo. Como solía decir el mandatario, "patria, socialismo o muerte".